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Frases célebres |
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María del Socorro Tellado López, conocida por el nombre artístico de Corín Tellado, fue una escritora española de literatura romántica muy prolífica, con alrededor de 5.000 novelas y relatos.
Corín Tellado nació el 25 de abril de 1926 en Gijón, Asturias.
Hija de ama de casa y de un maquinista naval de la marina mercante, fue la única mujer de cinco hermanos y comenzó
a interesarse por la literatura en edad escolar.
Tras la muerte de su padre en 1945, comenzaron las dificultades económicas para su familia, que para ese entonces tenía su residencia en Cádiz. Un librero gaditano, dueño de una librería que habitualmente le surtía de lecturas, la puso en contacto con la editorial Bruguera y comenzó a publicar sus novelas.
Fue la mujer que explicó a varias generaciones de jovencitas cómo era sentirse enamorada. Tuvo un solo romance en toda su vida, pero lo suyo no terminó como sus historias. No resultó. “Porque él me imponía no escribir”.
De gran imaginación, sus casi 5.000 obras románticas se encuadran casi todas en el género de
“novela rosa” y poseen una gran popularidad tanto en el ámbito español como en el hispanoamericano. Es autora también
de los guiones de varias fotonovelas y de libros infantiles.
Se casó con Domingo Egusquizaga Sangroniz en 1959; su matrimonio duró cuatro años.
Corín Tellado falleció el sábado 11 de abril de 2009 en el Hospital de Cabueñes.
Fuente: buscabiografias.com
He sacrificado mi vida a la literatura. Me hice daño a mí misma. Pero dejaré de escribir, cuando me caiga la cabeza sobre la máquina. Yo no me rindo.
Me emocionan las cosas reales, las que palpo, las que tienen vida. No me seducen las puestas de sol, ni las estrellas, ni la luna llena. Yo nunca he dicho ‘te amo’, ‘te quiero’, ‘vida mía’. Sólo lo sugiero en las novelas para que se emocionen otros. A mí me conmueven los animales, los prados, las personas, la roca viva, los acantilados.
El amor no era nada para mí cuando escribí mi primera novela. Allí le eché imaginación. Yo no sabía nada de hombres ni de amores. Pero desde aquel día nunca me faltó un sueldo. (En relación a su primer contrato)
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Los protagonistas me llevan por donde quieren, yo lucho, pero esa lucha tampoco es buena porque significa rebelión, y lo que tú necesitas es que el personaje vaya funcionando solo para que te salga de carne y hueso, no de papel.
Qué gran error. No pegábamos ni con cola. Él hubiera sido feliz con otra mujer, y yo lo hubiera sido con otro hombre, pero juntos éramos un fracaso como pareja. No teníamos nada en común.
Nada más apearme del tren reencontré aquella parte de mí misma que había quedado atrás y supe que éste era mi sitio y mi tierra. (A su llegada a Asturias)
Vivo con mi hija y cinco nietos. Soy feliz con ellos. La única persona con la que fallé fue con mi marido, tan terriblemente egoísta.
Yo quise mucho a mi marido. Era guapo y buena persona, pero era un fastidio. No era un hombre malo, pero su carácter era fastidioso, reñía, era un cascarrabias.
Me he divertido poco. Salía a veces con una amiga, pero no a bailar, sino al teatro, al cine, a escuchar a Antonio Molina... No, no era una vida divertida, pero no echaba nada de menos.
A insinuar me enseñó la censura, porque decía las cosas claras y eso me lo rechazaban. Hubo meses que me rechazaron hasta 4 novelas. Algunas novelas venían con tantos subrayados que apenas quedaba letra en negro. Me enseñaron a insinuar, a sugerir más que a mostrar. Aprendí a contar lo mismo pero con sutileza, así nunca me dejé nada por decir.
Murió como buscó morir: solo. Pero lo respeté siempre. Si nos vemos en el más allá, le daré la mano. (En relación a su marido)
Hay cosas de mi vida que sólo yo conozco y que nadie sabrá jamás. Mi verdadera vida no se la digo ni se la diré a nadie. A nadie.
Ni soy romántica ni escribo novelas románticas. Soy positiva y sensible, y escribo novelas de sentimientos, que no es lo mismo.
Lamento no haberme casado otra vez. Pero nunca me divorcié. Cuando pude hacerlo, no existía el divorcio en España, y cuando se legalizó, el sol había pasado ya por mi puerta. Yo creo en el matrimonio.
Soy católica con reparos. Sólo siento curiosidad por saber lo que hay más allá. Si no hubiera algo, sería decepcionante. (Poco antes de morir)
Para mí, la novela puede ser sentimental, no me molesta que me encasillen en la novela rosa, pero es evidente que muchos ignoran que la denominación rosa procede de cuando las tapas de la novela eran de ese color.
Doy la impresión de ser mujer fría y distante, y aparentemente tengo mal carácter, pero sólo aparentemente. La gente que me conoce bien sabe que no es cierto. Lo que sí tengo es temperamento, eso no lo puedo negar, pero eso no es malo. No hubiera llegado aquí sin ese temperamento.
El amor nunca pasa de moda y aunque mis novelas puedan parecerse entre sí, todas son diferentes. El desamor es lo que más está presente en ellas.
La gente piensa que Corín Tellado es un portento y que vive divinamente, pero no, yo he sufrido, he llorado, he sentido como cualquier otro. He puesto en las novelas un sentimiento muy común, muy cercano y por eso nunca me extrañó que las chicas me leyeran con tanto entusiasmo.
Fuente: eltriunfodearciniegas.blogspot.com/
Uno deja de amar en el mismo instante en que lo dejan de amar a uno. Seguir pensando en quien no te quiere, no solo denota la casi ausencia de amor propio, sino que también es un indicativo de falta de madurez emocional. Prefiero la frase de Vinicius de Moraes: El amor es eterno mientras dura.
No justifico al que pierde la dignidad. A lo mejor digo esto porque nunca estuve realmente enamorada. Fue una suerte. (En respuesta a la pregunta si justificaba al que lo pierde todo por amor)
Fuente: www.vanidades.com/
He buscado en mi mente la motivación de este afán al trabajo y he de confesarme a mí misma que soy trabajadora de nacimiento, que me gusta lo que hago y que quiera Dios que lo siga haciendo hasta la víspera de mi muerte, o como suele decirse, que me permitan morir con las botas puestas.
Siempre he buscado la mejor forma de entretener al público lector, ese gran público como se le suele llamar, que es el que nos alza o nos mengua, porque según les agrademos, así se multiplican las ventas.
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Tuve una infancia feliz y recuerdo con nostalgia aquellos años que coincidían con la Guerra Civil. Mi adolescencia transcurrió en Andalucía, y allí inicié lo que es hoy mi profesión.
Pienso que si volviera a nacer repetiría, paso a paso, todos los errores que he cometido, y fueron muchos, pero gracias a ellos he adquirido una experiencia indescriptible que me ayuda a urdir esas historias que suelo contar para entretener.
Yo creo en la igualdad, pero no soy de las que quieren arrinconar al hombre y tirarlo contra la pared. Yo nunca fui extremista en nada, considero que el hombre tiene su lugar y la mujer el suyo.
Los años fueron pasando demasiado aprisa, y casi sin darme cuenta, llegué a la vejez. Fue entonces cuando de golpe apareció esta enfermedad crónica que lleva un adorno en la prescripción médica: “terminal”.
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